Mi primera vez

Esta es una de mis tantas primeras veces, la más triste y desoladora de todas. De hecho, creo que no muchas de mis primeras veces lo han sido, al menos no con tanta intensidad. Es difícil luchar contra la corriente, intentar ir en sentido contrario al destino y sus intenciones poco confiables o certeras. Jamás pensé que conocería la sensación o incluso que la tendría tan cerca; algún día la viviría, pero nunca imaginé que sería tan pronto y tan agridulce. Es mi primera navidad sola, completamente sola. Sola en ausencia, en sentimiento y en pensamiento. Sola desde la punta de mis pies hasta el más fino de mis cabellos; una sensación de frío incluso recorre mi columna en el presente instante en que escribo estas palabras. Jamás lo diría, sería demasiado deprimente admitirlo en voz alta, gritar a los cuatro vientos que es la peor navidad que alguna vez he vivido y que no quiero estar aquí, no así, no tan vacía.

Lo intento, lucho contra ella, mi mente ¿sabes?. Creo firmemente en que los pensamientos negativos son la ruina del alma, por tal motivo me mantengo positiva y me he mantenido así hasta ahora, pero nada bueno ha ocurrido hoy, nada por lo que pueda dejar de expresar mi frustración, enojo y tristeza por medio de letras e irme a disfrutar de un día agradable, lleno, cálido… esa sensación de calidez, cuánto la extraño. Ahora no tengo motivos para estar alegre, ahora que nadie en mi familia lo está y que todos estamos tan lejos los unos de los otros, cada quien en su propio mundo, orbitando alrededor de sus problemas como la luna alrededor de la tierra. Mi único motor, lo único que me había mantenido animada hasta ahora, era ella, mi madre, la mujer que me dio la vida y con la que hice la promesa de no estar triste en estas épocas tan especiales, pero que no he podido cumplir con éxito porque ella tampoco lo ha hecho. No ha sido su culpa, tampoco la mía, simplemente el destino nos ha dado una gran desilusión, una que no se puede disimular con una sonrisa o palabras de aliento.

Es gracioso ver cómo los seres humanos nos esforzamos en aparentar que todo está bien, es como si el solo hecho de ignorar lo malo ya nos hiciera inmunes al dolor y la tristeza. Mi navidad no está siendo como la esperé, mi vida tampoco, ambas son un caos dentro de otro, pero ninguna es tan mala al punto de no tener retorno. Es cuestionable incluso, otra persona en mi lugar diría que estoy siendo exagerada, que no es tan malo como lo hago parecer, pero esa persona probablemente no lleve un buen tiempo intentando ser optimista, tragándose su orgullo, su ira, su desolación para hacer de su vida un plato más ligero, pero sobre todo, tal vez esa persona no está sola, no lo estará y nunca lo ha estado, o tal vez por muy poco tiempo. O tal vez sí, pero está preparado para estarlo. Yo creí haberlo estado, creí que lo soportaría, aunque sabía que extrañaría todo: la calidez de una casa encendida celebrando entre familia; de una madre preparando platos deliciosos con olores exquisitos; de una perra ladrando sin parar por la molestia del ruido excesivo de la música y el sonido estridente de la pirotecnia; de una abuela sentada en uno de los sillones luciendo indiferente y viendo el tiempo pasar... 

Un viaje en el tiempo no me vendría nada mal, pues daría lo que fuera por vivir algo así de nuevo, pero especialmente por ver a mi familia unida otra vez, por recordar las sonrisas alegres en sus rostros y las lágrimas de sentimiento en sus mejillas, por bailar una buena salsa o cantar canciones de Pastor López a todo pulmón. No tengo idea de cuándo regresaré a ello, cuando podré volver a vivir algo así, pero de lo que sí estoy orgullosa, aunque me duela no estarlo viviendo ahora, es de no haber desperdiciado jamás una navidad con las personas que más amo y aprecio en mi vida. Y si de algo estoy segura, es de que jamás lo haré. 

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